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NO ES UN JUEGO

by Jose Ortiz
bobart2.jpgTestimonio de una verdad sobre el Crack
 
Hola Lucas, ¿Cómo estás…?
-Bien, bien
-En serio, si quieres lo dejamos para otro día.
-No, no; estoy bien; además, es mejor ahora que están frescas las cosas y si te hice venir hasta acá que sea por algo.
-Bueno, en ese caso, tranquilo, ¿Qué quieres contarme?

Todo empieza como en los cuentos…
Érase una mañana de enero, su madre le apuntó al Instituto; al mismo que íbamos mis colegas del barrio y yo. En el fondo, César era un buen chaval, siempre estaba dispuesto a compartir sus cosas con los demás. Cuando teníamos alguna disputa con alguien, siempre aparecía como invocado para defendernos; nosotros nos reíamos y nos sentíamos seguros cuando estaba él, es que parecía que se la pasaba entrenando en algún gimnasio porque tenía el cuerpo inflado de tanto músculo.

 
De su novia, ni que contar; la defino en cinco palabras: “la más guapa de todas”. A todos nos gustaba, pero ella lo había elegido a él. En realidad, no era muy listo en clase, pero era un buen colega, pasaron un par de años y poco a poco nos volvimos inseparables, él lo tenía casi todo, por suerte éramos amigos.

Una mañana entré al salón y coloqué mis cuadernos en la banca, me pareció extraño no ver los suyos ahí porque siempre llegaba antes que yo. Bueno, los minutos fueron pasando, luego las horas y así toda la mañana. Al siguiente día vi llegar a mi colega, lucía cansado y desvelado; tenía los ojos rojos y los párpados parecían pesarle. Sus hombros caídos, no como de costumbre. Bueno, “vaya nochecita” le dije, tuve la impresión de que le dolía el cuello porque no giró la cabeza, sino que me miró de reojos.

Toda esa semana fue igual, mi compañero no era la persona de siempre; yo le animaba y le preguntaba qué le sucedía; él me veía con ojos de querer contarme un secreto, pero estaba confundido y no sabía que hacer. Al final, me echó todo el cuento, me contó con lujo de detalles la forma en que el crack había llegado a sus manos; yo que ya sabía lo que eso significaba, intenté inútilmente convencerlo de dar marcha atrás; pero con el crack no se juega, nunca hay marcha atrás, al menos eso es lo que mi experiencia en el barrio me había enseñado.

El crack es una droga letal, proviene de la mezcla de clorhidrato de cocaína con solución de bicarbonato de sodio. “La piedra” como le llaman en mi barrio, tiene la capacidad de destrozar la vida en un par de semanas, al fumarla produce una sensación de euforia, insomnio, pánico y falta de apetito, causas del postrer estado de mi compañero.

La frase: “Los Luceros de la Mañana” suena como a época navideña pero no tiene nada que ver, es el nombre con el que se identificaban los jóvenes en el callejón de al lado de mi casa debido a que pasaban toda la noche con las pipas en la boca y sus mecheros encendidos.

Quisiera recordar a César como cuando lo conocí, fuerte, alegre y dinámico, pero las imágenes que tengo de él son ahora las del típico esclavo de la piedra: labios quemados por lo caliente del metal de la pipa hecha de antena de televisor; cuerpo tembloroso, convertido en un manojo de nervios; sus mejillas invertidas, como que estuviera permanentemente absorbiendo un líquido a través de un tubo con todas sus fuerzas; tosiendo todo el tiempo, conducta agresiva; sin músculos, parecía un esqueleto forrado de piel; al pobre se le identificaban casi todos lo huesos, hasta le podía contar las costillas. Su mirada siempre perdida y amaneciendo tirado en las calles del barrio.

A pesar de los últimos capítulos de su vida, siempre fuimos buenos amigos, cuando parecía recuperar la razón llegaba a la puerta de mi casa y nos tomábamos un café, a veces salía corriendo de repente, sin despedirse, producto de sus alucinaciones terminales.

Cuando la gente le gritaba irresponsable, yo sabía que solo era una víctima, víctima del sistema que no le ofrecía ni las oportunidades ni las condiciones; víctima del conjunto de cosas que permitieron que la droga llegara a sus manos; víctima de una orientación que no llegó a tiempo; cuando le dijeron que no valía nada, siempre estuve convencido que dentro de él había un doctor, un arquitecto, un abogado o un ingeniero; cuando la gente le dijo “aléjate de aquí”, yo pensé en mi amigo, aquel que me defendía en el instituto, aquel cuya compañía siempre quería tener, aquel que no merecía acabar así.

bobart1.jpgEsta tarde fuimos a visitarle con los viejos amigos del instituto, ya sabes donde está, al menos para nosotros sigue estando ahí. Por eso te llamé, porque quería compartir mi sentir contigo, no puedo olvidar lo que mi amigo me dijo antes de marcharse, y es un deber que tengo que cumplir.

En medio de su sobredosis apareció la lucidez de mi casi hermano, el verdadero, el que conocí con una mochila de sueños en la espalda, me dijo: “compa: ¡Hasta adónde he llegado!, ojala te hubiera escuchado, ahora si que no hay marcha atrás, haz todo lo posible para que los jóvenes se enteren de la verdadera cara que esto tiene…”

Dicen que al final del viaje que llamamos vida, cada uno encuentra de algún modo la paz, que por unas milésimas de segundo toda la trayectoria memorial pasa frente a nuestros ojos, yo no se si es cierto, pero tengo la certeza que en ese ínfimo instante entendemos muchas cosas y probablemente queramos cambiar algunas; respecto a la drogas, cada quien es libre de tomar el rumbo que desea, pero seamos concientes de que NO ES UN JUEGO.


Entrevista hecha por Bobby a Pancho Lucas
Derechos No Reservados.-
 
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Modificado el Domingo 02 de Mayo de 2010 12:45
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