Al día de hoy, y después de muchas décadas de darle a ese jodío fumeque del Juncal de Jaime de Armiñán, el tabaco se desnuda de sus mitos y se nos muestra tal y como es: un asesino a sueldo… del Estado.
Y es que, qué otra cosa podíamos pensar cuando se nos presenta la zanahoria de una Ley Antitabaco que parece que va a exterminar un vicio legal que mata a 50.000 compatriotas al año, junto con el palo de las nuevas marcas de cigarrillos denominadas “baratas” que están enganchado a niños de 12 y 13 años.
Es obvio que el estacazo nos va a dar detrás de las orejas cuando después de echar un vistazo a este proyecto de ley nos percatemos de que las tabaqueras siguen teniendo patente de corso para fabricar además de pitillos, fumadores, y que éstos, cada día más jóvenes, pasan a engrosar una casta perseguida y amedrentada por una norma que consiente el negocio público y privado de esta droga y margina al drogadicto. Si esto no es doble pensar orwelliano que me lo expliquen.
Mientras, a los contribuyentes que cada mañana llevamos a nuestros hijos a la escuela y junto con ellos contamos perplejos los cada día más numerosos estudiantes de Secundaria que fuman como descosidos a la puerta del colegio, no nos queda otra que explicarles que el tabaco, tal como se intuyen las cosas, no sólo puede matar su salud, sino también su derecho a una juventud sin tabaquismo.
Francisco Dancausa Ruiz
Diario CÓRDOBA (28-XI-2005)
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
El tabaco se desnuda de sus mitos y se nos muestra tal y como es: un asesino a sueldo… del Estado. Supongo, que muchos de los que pasamos de los 40 años, al recordar nuestras mocedades, no podemos esquivar en la memoria el humo de aquellos primeros cigarrillos a hurtadillas que además de provocarnos tos y arcadas, nos investían de madurez social.







