Tenemos mucha suerte de que las fronteras se vayan abriendo, pero por otro lado, tenemos muy mala suerte con que muchos de nosotros no estemos preparados, ni nadie nos haya enseñado a convivir y a conocer a personas diferentes. No tienen porqué ser de otra nacionalidad, a lo mejor tienen la misma que yo, pero son diferentes a mí, aunque por otro lado si reflexiono también son parecidos a mí: unos más bajos, otros más altos, unas más morenas, otros más rubios, unos más listos, otros más torpes, unos más negros, otros más amarillos, unos más femeninos, otras más masculinos, unos de derechas, otros de izquierdas, unos con problemas de salud, otros con problemas de drogas, unos con discapacidad intelectual, otros con discapacidad física, unos jóvenes, otros viejos, unos del Atleti y otros del Madrid.
El problema, es que cualquier característica con la que no nos identifiquemos nos da miedo, como somos blancos no dan miedo lo negros, pero si fuéramos negros nos darían miedo los blancos, si tenemos discapacidad intelectual nos dan miedo los listos, si no la tenemos nos la dan las personas con discapacidad intelectual, este miedo se transforma en muchas ocasiones en rechazo, en indiferencia y eso produce una exclusión y discriminación hacia estas personas.
Si nos dedicáramos o nos ayudasen a conocer y a compartir momentos, espacios…. con personas diferentes a nosotros, no nos extrañaría y nos enriquecerían con toda su riqueza personal, cultural y social.
Es por todo ello, que el problema de la discriminación, de la exclusión y de convivencia entre otros, es un problema básicamente de educación y de respeto por la diferencia. Quizá también de empatía, el no querer para los demás lo que no quieres para ti, como por ejemplo, el no reírte de una persona con discapacidad intelectual, no aparcar un coche en un rebaje de bordillo para que una persona con movilidad reducida pueda pasar, no señalar a una personas que no tiene tu misma orientación sexual, no rechazar a la persona que no tiene tu mismo color de piel, de ojos, de ideología política, de religión, etc.
Cada uno de nosotros podemos hacer mucho por abrir nuestras fronteras físicas y mentales, e intentar que otros las abran, tanto para darse cuenta que la diferencia no es una amenaza sino un enriquecimiento que nos ayuda a crecer como personas, como para ayudar/enseñar a empatizar y darnos cuenta de las necesidades y características de algunas personas que hacen que no tengan la misma igualdad de oportunidades y es una deuda que les debemos a ellos y a nosotros mismos.
El problema, es que cualquier característica con la que no nos identifiquemos nos da miedo, como somos blancos no dan miedo lo negros, pero si fuéramos negros nos darían miedo los blancos, si tenemos discapacidad intelectual nos dan miedo los listos, si no la tenemos nos la dan las personas con discapacidad intelectual, este miedo se transforma en muchas ocasiones en rechazo, en indiferencia y eso produce una exclusión y discriminación hacia estas personas.
Si nos dedicáramos o nos ayudasen a conocer y a compartir momentos, espacios…. con personas diferentes a nosotros, no nos extrañaría y nos enriquecerían con toda su riqueza personal, cultural y social.
Es por todo ello, que el problema de la discriminación, de la exclusión y de convivencia entre otros, es un problema básicamente de educación y de respeto por la diferencia. Quizá también de empatía, el no querer para los demás lo que no quieres para ti, como por ejemplo, el no reírte de una persona con discapacidad intelectual, no aparcar un coche en un rebaje de bordillo para que una persona con movilidad reducida pueda pasar, no señalar a una personas que no tiene tu misma orientación sexual, no rechazar a la persona que no tiene tu mismo color de piel, de ojos, de ideología política, de religión, etc.
Cada uno de nosotros podemos hacer mucho por abrir nuestras fronteras físicas y mentales, e intentar que otros las abran, tanto para darse cuenta que la diferencia no es una amenaza sino un enriquecimiento que nos ayuda a crecer como personas, como para ayudar/enseñar a empatizar y darnos cuenta de las necesidades y características de algunas personas que hacen que no tengan la misma igualdad de oportunidades y es una deuda que les debemos a ellos y a nosotros mismos.
Estamos en un momento en el que los problemas de convivencia están a la orden del día. En los colegios, en los trabajos, en la calle….







