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Soñando con un Muñeco de Nieve. Reflexiones de un oso Gris

by j.s.t

Mucho hemos podido aprender en estos días de Intercambio en Bolu (Turquía), en el que seis miembros del Grupo Scout 217 Matterhorn hemos estado participando,  algunas cosas eran menos nuevas para mí que para los demás, pues no es mi primera vez en tierras Otomanas, pero nunca se deja de aprender y de descubrir cosas nuevas de un país y sus gentes.

Una de las cosas novedosas para todos, ha sido descubrir que Turquía ha sido este pasado año el tercer país con mayor crecimiento económico del mundo, vamos, que ellos no tienen crisis, todo lo contrario, no paran de subir.

Esto resulta especialmente resonante tras explorar un poco por encima las profundidades de la sociedad turca, llena de contrastes y contrariedades: ya sorprende ver la ciudad de Estambul atiborrada de coches (se pueden llegar a tardar 14 horas para cruzar la ciudad de una esquina a otra si vas en tu propio coche) y llena de carteles luminosos y leds de colores en todas las tiendas (desde la barbería o la tienda de sofás, hasta la tienda de animales o el estanco), cuando nos adentramos al interior, nos damos cuenta de que el país sigue siendo bastante rural, pero seguimos viendo la decoración de todos los escaparates de cualquier tipo de negocio, bien iluminado con leds de colores, en un estilo que nos podría recordar al "tunning" de los coches (hasta el minarete de una de las principales mezquitas de Bolu parece estar "tuneada").

turi.pngArturo Rodríguez "el turi"
Monitor Manada Mowha
Grupo Scout 217 Matterhorn


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SCOUTS DESDE 1961

 

Conviviendo día a día la vida de una "pequeña" ciudad como es Bolu (130 mil habitantes, pero siguen hablando de sí misma como pequeña), nos damos cuenta de pequeños detalles, como el uso abusivo de envases individuales de todos los productos (hasta el agua viene en pequeños envases de 20cl que recuerdan al de los yogures), y que no reutilizan esos mismos envases, sino que prefieren tirarlos y volver a coger otro. También sorprende no encontrar apenas papeleras, salvo en los puntos más turísticos, y ni hablemos de contenedores de separación de basuras, impensable. Sin embargo, no encontramos basura por las calles, tanto Bolu como Estambul aparentan estar más limpias que Madrid. Una observación más exhaustiva nos desvela la clave de este enigma: los negocios y locales, así como los particulares, almacenan sus propios desperdicios hasta la hora de cierre, momento en el cual sacan a la acera más cercana las bolsas convenientemente cerradas y las dejan ahí esperando al camión de la basura, que parece estar coordinado para aparecer en el momento justo en que todos los comercios han echado el cierre. Nos preguntamos, ¿qué pasa con aquellos negocios que cierran tarde en la noche, como los bares, clubs o internet-points? Parecer que el camión vuelve a pasar antes del amanecer para recoger la basura de éstos, pues a la mañana siguiente se vuelven a ver las calles limpias.

Viendo esto, a mí se me despiertan infinidad de cuestiones. ¿Serán los modelos de reciclaje y la “moderna” conciencia ecológica tan extendida e interiorizada en Europa Occidental, la causa de un estancamiento y/o decrecimiento económico en nuestra zona de Europa? Es evidente que bajo el sistema capitalista que rige nuestras vidas y que marca quien crece y quien no, el crecimiento de un país viene marcado por el consumo de bienes y servicios de sus habitantes y visitantes dentro del territorio nacional. Frente a esta verdad incuestionable, se enfrenta la conciencia ecológica, la educación de las tres “R´s” (Reducir, Reciclar, Reutilizar) que nos enorgullecemos de haber interiorizado y trasmitido a nuestros infantes. Pero, esto ha conllevado una incompatibilidad con el sistema económico que nos rige: si el crecimiento económico es un reflejo del consumo, nos hemos educado a reducir ese consumo, por la “protección de nuestra madre tierra”, lo cual provoca un decrecimiento, o descenso, de la economía nacional. ¿Esto es bueno o malo? Seguramente no se pueda contestar. Quizás un sistema basado en el capital, responsable a su vez con el medio natural no esté al alcance de todos, y cada región del mundo debería de ser libre de elegir como regir su territorio, aunque esto vaya en contra de la homogenización económica mundial, o globalización.

Me hace pensar, que el problema la mayor parte de las veces No es No Crecer, sino que otros crezcan mucho más que nosotros, con lo que la diferencia entre unos y otros se acrecienta, creando desigualdades. Ésa es otra verdad absoluta del capitalismo: no pueden crecer todos. Para que alguien se haga rico desde cero, alguien rico debe volverse pobre repentinamente, o miles de pobres o medios han de caer en la más absoluta miseria. ¿Cómo lo hacemos para regular esto? ¿Se puede hacer de otro modo? Ningún rico aceptará voluntariamente “caer”, renunciar a prácticamente la totalidad de su capacidad económica y poder. Resulta mucho más sencillo quitarle un poco a muchos, que mucho a unos pocos, y también es mucho más fácil de aceptar.

Nuestra psique es capaz de renunciar a muchas cosas, si esta renuncia se produce forma lenta y espaciada. Nunca aceptaríamos desprendernos de muchas cosas de una sola vez, ni aunque nos pudieran asegurar al 100% que el total de lo que nos desprendiésemos “de una vez” sea infinitamente inferior a lo que nos desprenderíamos “de forma lenta y espaciada” en el mismo periodo de tiempo. ¿Por qué somos así? En cuanto comienzan a surgir cuestiones así no puedo evitar sentir como Mourinho ¿Purké? ¿Purké? Solo que en este caso se seguro que “el señor Villar” ni la publicidad de Unicef tiene nada que ver.

¿Por qué preferimos comprar, o pagar una casa en 25 años, o un coche en 4, aun a sabiendas de que pagaremos más por ese producto-objeto? (bueno, quizás no tengamos dinero suficiente para pagar por un “bien necesario” directamente, y de eso se aprovechen bancos, usureros y prestamistas). Aunque esto quizás nos venga un poco grande, se me ocurre un ejemplo mucho más cercano: los móviles de ultimísima generación. Un SamsungGalaxy o el último Iphone, tienen un precio de mercado que ronda los 600 o 800 €, sin embargo, la mayoría de las compañías telefónicas “te lo regalan”, por el módico precio de un contrato de 40 o 50 € al mes, más una permanencia mínima de 2 años (lo que significa que da igual que te cambies de compañía, te lo van a seguir cobrando, o eso van a pretender). Parece una ganga. Una oferta inmejorable. ¿Seremos estúpidos si no corremos a firmar esa oferta inmediatamente?

Yo no lo creo, o me resisto a creerlo. No quiero creérmelo. ¿No nos enseñaron matemáticas en la escuela? ¿Acaso no aprendimos en la escuela algo más que a pensar únicamente en uno mismo, aun a costa de los demás? Pero bueno, esto último ya es un tema aparte y no quisiera desviarme más de la cuenta.

Volviendo al tema del móvil, me pregunto por qué somos incapaces de ver que esa súper oferta no es tal. Incapaces de comprender que en dos años, 50€ al mes, por 24 meses, ese “súper móvil” nos habrá costado ¡¡1200€!!. Nos parecía excesivo pagar 600€ por algo en el momento, pero nos parece genial pagar el doble por la misma cosa, solo si podemos hacerlo “en cómodos plazos”. ¿Por qué la ganga se convierte en abuso, y el exceso en oportunidad? ¿Magia? No lo entiendo. En momentos así me gustaría encontrar el consuelo que los creyentes obtienen cuanto se responden a sí mismos “Son los designios del señor, y solo Él sabe porque se produce.”

A pesar de todo, no puedo evitar pensar que es precisamente ese consumo descontrolado e inconsciente, como cegado y guiado por el “Carpe Diem”, es la base y la razón de ser del sistema capitalista. Sin ello, nuestra idea de progreso y evolución tan globalmente interiorizado, y siempre desde un punto de vista tecnológico y materialista de progreso y evolución (no oigo hablar de evolución y progreso espiritual o social, y aun oyendo a la izquierda más radical hablar de progreso social, no son capaces de desligar una pesadísima carga tecnológica-materialista del discurso); esa filosofía del progreso y la evolución, decía, moriría irremediablemente si no la alimentamos consumiendo descontroladamente.

Hace muchos años ya, sería muy difícil decir cuántos, que el ser humano, jugando a tener poderes divinos o sobrenaturales, quizás queriendo emular a un Dios del que solo ha oído hablar, pero no ha logrado conocer personalmente; hace años pues, que dio a luz a un nuevo ser vivo. Lo formó, lo alimento, y lo enseño a comprendernos, pero no lo doto de forma material. O mejor dicho, lo de dio una única forma material, sino que lo dotó de omnipresencia y capacidad de mostrarse ante nosotros en forma de unos (1) y ceros (0).

Este “ser vivo” no dejó de crecer, y cada vez fue necesitando más “para alimentarse”. Al no poseer de forma física-material definida, sino que se alimenta de de eso mismo, este “ser” creado es inmortal, y no parará nunca de crecer mientras sigamos alimentándolo, pero, aun conscientes de ello, nos aterra enormemente dejar de alimentarlo, pues amenaza con alimentarse de nosotros.

Nuestra “pequeña” creación nos mira ahora por encima de nuestras cabezas. Nos ha domesticado, y su supervivencia es ahora la única razón de nuestra existencia.

Es un muñeco de nieve que no paramos de hacer crecer, con miedo a su vez a que se derrita si dejamos de reforzarlo, y caiga sobre nosotros aplastándonos irremediablemente. ¿Será posible acabar con él sin sucumbir en el intento? Quizás. No lo sé.

Algunas gentes intentan forzar que se derrita, pero esto es mucho más peligroso de lo que nos imaginamos, pues este muñeco-ser se encuentra en medio de todos, y forzar su derretimiento repentino seguro dañará a alguien.

Desde mi humilde visión, solo veo tres posibles opciones, aunque espero equivocarme. Estas opciones son:

1. Seguir alimentándolo, y que sea “nuestro yo del futuro quien se encargue de ello”, como dicen los personajes de la serie “Cómo conocí a vuestra madre”.

2. Sacrificarnos y hacer que el “ser” desaparezca, aunque sea sucumbiendo sobre nosotros, incluso costándonos la vida.

3. Encontrar, buscar, hallar la manera de sacrificio global que cause mayor daño al “ser”, y menor a nosotros, buscando su desaparición, o cuanto menos, darle la vuelta a la tortilla de amo-esclavo.


Espero equivocarme, y que haya otras salidas. De verdad es lo que me gustaría.

Modificado el Domingo 12 de Febrero de 2012 09:20
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