En este Barrio Rojo de la India, la
población vive en los burdeles, en situaciones totalmente críticas de
higiene y con un casi inexistente nivel económico. La pobreza extrema
obliga a las mujeres a prostituirse como único método de posesión
económica, destinado principalmente a la alimentación de su familia.
Este destino “laboral” marcará del mismo modo, la vida de sus hijas.
Éstas trabajan desde bien pequeñas en las labores domésticas de casas
vecinas a cambio de una pequeña remuneración. El trato a los niños
supone una violación total de sus derechos. Por lo general, la población
les desprecia y en muchas ocasiones llegan a sufrir maltrato físico y
psicológico de la manera más injusta (ningún ser humano merece un trato
que ataque a sus derechos, ninguno).
Se califica al Barrio Rojo como una sociedad independiente: otro mundo diferente. Un niño del burdel afirma: “Esto es un caos”. Predomina una situación de violencia machista vista desde todas sus caras posibles. Las mujeres en todos los casos, son objetos sexuales o productoras económicas; sirven para poco más a sus familias y a su sociedad.
En esta situación, inmensamente desestructurada, la drogadicción o la venta de niños/as, son aspectos que resultan habituales y que sumados a los anteriormente citados y a otros muchos desconocidos que probablemente sean igual de sorprendentes, o más, constituyen una sociedad aislada y olvidada, víctima de todo tipo de desigualdad y exclusión y fuera del alcance de cualquier apoyo social y oportunidad de cambio. Y lo que es peor: fuera del alcance de sus derechos.
En este marco de injusticia social, por unos minutos me paro a pensar en los más pequeños. Sin ser dueños de sus vidas, nacen predestinados a la marginación y a vivir sin derecho alguno. Deben ganarse la vida como puedan, por lo que la educación, elemento clave para su crecimiento personal, llega a ser una asignatura pendiente durante toda su vida para la mayoría. En este barrio, el acceso a la educación está muy restringido: Los colegios no admiten a hijos/as de prostitutas. A ellos “nadie les acepta” (tal y como dice una educadora de uno de los internados de la zona): “Nadie quiere aceptar a esta clase de niños”. Además, para ser aceptados en las escuelas, sus progenitores no pueden ser delincuentes. A los sero positivos tampoco se les admite. Estos niños tienen su destino marcado y en él, no se encuentra la educación básica.
Esta ausencia de educación provoca que, generación tras generación, mujeres y niños de los burdeles, estén sometidos al sistema y sean manipulados sin capacidad de elección ninguna.
Esta es una de las muchísimas realidades críticas existentes en el mundo y un ejemplo de la clara violación de los Derechos de la Infancia.
Son muchos más niños de los que nuestra mente puede llegar a imaginar, los que sufren situaciones de riesgo como esta, sin respuesta política ni apoyo social ninguno. DENUNCIÉMOSLO!
eva banetikki manada mowha
grupo scout 217 matterhorn
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