Entrenados nuestros corazones
Por el curso de los Momentos Dichosos en la Escuela de la Miseria,
expertos en encontrar la miel entre el enjambre
y el arcoíris tras la tormenta,
fueron capaces de soportar el golpe
de la despedida más amarga,
del ya se fue.
Y la angustia
Por la duda de si nos volveremos a ver
empezó su larga metamorfosis que le convertiría en esperanza.
Mucha paz he encontrado en este sitio
gracias a los locos personajes
que le abrieron sus puertas a este extraño.
No te equivocaste al decirme:
seguro encontrarás grandes amigos en el camino,
de hecho,
los que he encontrado
son mucho más que grandes amigos:
increíbles sujetos y sujetas
que se parecen a mí en la necedad de querer empujar al mundo,
de no quedarse esperando a que venga el sol
si no que van a buscarlo.
Que se niegan a vivir como enfermos,
que no aceptan que a diario
la sociedad les meta a cucharadas su dosis de realidad,
porque están convencidos
de que la realidad real debe ser otra.
Tan convencidos en las luchas,
que acabo convenciéndome
que soy yo quien se parece a ellos.
Sigo siendo el que sabe volar en sueños,
el que se siente más vivo cuando duerme que cuando despierta,
el que decías tú: de chistes malos,
de cara inexpresiva y bromas a cada minuto.
Sé que te he prometido ser fuerte,
a veces pienso que lo soy,
pero a ti no te puedo engañar,
sabes que la debilidad me ha traído a escribirte estas dos mil quinientas letras,
que la lejanía de aquel febrero,
en los días malos
tritura aun al valiente que se echó la mochila al hombro,
que de vez en cuando –tú lo sabes muy bien-
contra el ánimo se estrellan las ilusiones
por las fechas que le sobran al calendario,
por las horas que no debieron existir.
Me atormenta el juramento de volver a conversar contigo
frente a frente, como lo pediste:
de todos tus sueños y tonterías diarias,
pienso en el pacto de regresar a cantar de nuevo una de nuestras canciones.
No porque ahora dude de que vaya a cumplirte,
sino porque sé que llegado el momento,
la fuerza de este sitio,
el cariño de esta gente,
me dificultarán levar mi ancla,
clavada en lo más profundo de estas tierras.
Entonces, mientras tanto,
desde la otra mitad
de mi vida repartida entre aquí y allá
recibe para ti un abrazo entero,
garante, mediante nuestra confianza,
de ese raro sentimiento que nos une tanto hoy como ayer,
el mismo que me hace asegurarte firmemente
que siguen en pie todas mis promesas:
la de buscar ser siempre feliz,
la de no te olvido aunque no te vea,
la de no sentirme pequeño,
la de ver siempre hacia adelante,
la de sacar fuerzas de flaquezas y sonrisas de las dificultades,
la de hablar pausado y pensar primero,
la de apoyar a los que pelean causas justas,
la de reírme de los muros y las fronteras,
la de ofrecerme para casi todo,
la de valer más que el dinero,
y muy especialmente,
la que atesoro en mi corazón:
la de que un día, tarde que temprano,
volveré a estar contigo de este o de aquel lado.
Ahora, el sueño está más que avanzado,
la luna creciente
y mis Alas listas para volar,
buenas noches.
Roberto García Grupo Scout 217 Matterhorn








