Para hacer su camino, la humanidad, persona a persona, generación a generación, ha tenido que ir transmitiendo los valores necesarios para vivir en sociedad. Cada recién nacido ha debido incorporar la experiencia de todo un mundo anterior para instalarse en esa cadena de progreso. La historia de los hombres es la historia de la educación.
Las familias, en cualquiera de sus fórmulas culturales, han protegido y orientado a sus miembros, ayudándoles a integrarse y enseñándoles las formas de sobrevivir y poder enseñar a otros; y las sociedades han creado recursos y maneras de reforzar la tarea de las familias.
Educar es tan necesario que no puede quedar relegado a la responsabilidad de los grupos familiares, por mucho que éstos sean esenciales.
La educación es tarea de todos y, desde siempre y tanto más cuanto más complejas se hacen las sociedades, han aparecido instituciones y personas en las que se depositaba de manera especial ese trabajo fundamental.
En los ritos de iniciación, en la larga tarea de aprendizaje de un oficio, en el recorrido de los caminos de la espiritualidad, en el progreso filosófico o moral, en una palabra, en la ayuda a la construcción de la persona siempre hemos encontrado al Maestro.
Si la historia de la humanidad es la historia de la educación, la historia de la propia vida es la del magisterio que se haya tenido.
El Grupo Scout 217 Matterhorn quiere unirse a la propuesta de la FAD, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, haciendo explícito este reconocimiento; queriendo agradecer a los maestros y maestras que lo sean, que hayan aceptado serlo, que quieran seguir siéndolo. De ellos y ellas depende en buena parte nuestro futuro.