Sonido. Ante todo un Campamento Scout es un sitio sonoro. Hay lugares que huelen con o sin explicación, otros que parecen tocarnos (el aire denso, el frío sólido y seco, el calor pegajoso...), otros tienen sabor, se masca la persistencia de sus sensaciones, se llena la boca de recuerdos, nos ataca sin piedad la sinestesia. Otros lugares están dotados para la visión: las olas acercándose vistas desde una escollera, el horizonte levantado visto desde la cima de un gran pico...pero un Campamento Scout se oye.
No es estruendoso ni jaleoso (excepto en momentos "cumbre") Es más bien un run-run que se intuye según te acercas a él. Si afinas el oído distingues las risas infantiles, alguna disonante carcajada entre ellas, gritos agudos que se pierden entre la arboleda y la percusión suave, esa base rítmica fácimente seguible del trotar de las carreras.
También la bateria de los platos, los potos y los cubiertos que se balancean, caen y golpean...y no paran.
Después las canciones y danzas que suben y bajan, se ahogan, parecen que terminan y se reanudan. Con esa tendencia comprensible pero inquietante de acabar con canciones más románticas, sosegadas, melancólicas como si la vida no pudiera evitar deslizarse hacia ellas.
No faltan los gritos, los "jolines", los "no", los "paso" porque aquí, en un Campamento Scout, no falta de nada. Se ahogan en sí mismos como si despues de pronunciados, de dejar de pertenecernos, fueran irrecuperables, formaran parte ya del pasado de una memoria hilada de arrepentimiento. Tras el "no" queda su inutilidad y la renuncia a practicarlo. Es una música gastada pero nosotros la incorporamos.
Tenemos guitarras, claro. Suenan tan bien que cuando suenan mal nos encanta oirlas lastimadas porque su sonido lo llevamos dentro, es como si cantáramos siempre con ellas dejando que nos impongan su ley de madera y opacidad. Queda poco para escuchar el costoso silencio de las noches cuando por fin, si te apetece, podrás escuchar el viento silbar al bajo continuo de los doble techos cargados de aire y agitados por la brisa, peleando para volar. Viento contra vientos de cuerda y goma que nos atan al suelo con una piqueta. No dificulta el sueño pero, ¿para qué dormir y perderse esa emoción?
Y claro el coro cantinero formado por el eco de tantas personas diferentes pero unidas: acentos de diferentes países y culturas y también acentos y tonos generacionales, solapándose en un continuo irreproducible si no es desde el jazz improvisado de un Campamento Scout.
Siempre me ha preocupado observar personas afectadas por los gritos infantiles. Quizá sus almas se batieron en retirada y observan desde más allá del Muro de Hielo el espectro de ese tiempo en que podían hablar por hablar, reír por reír, componiendo una música inesperada, inconsciente, incesante pero bella e imprescindible.
Y ahora....shhhhhh, señoras y señores...el concierto está a punto de comenzar. Ocupen su localidad, no se lo deben perder, nunca volverá a sonar igual.
Kike/Zorro
Scouter
Grupo Scout 217 Matterhorn
Seguimos Acampando,
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