Nos mira desde arriba, desde sus líneas o desde un viejo y polvoso libro. El Gabo se ha ido para quedarse entre nosotros, cogió el último tren a Macondo donde le espera el Coronel y las historias de Doña Luisa que marcaron la ruta de una vida de fantasía y realidad.
Márquez nació viejo y vivió para escribir, eterno estudiante de Derecho que aprendió el oficio del periodismo, amigo de Fidel y de Clinton, fue diagnosticado con un cáncer linfático en el año de 1999 (y mire usted en que año vamos), dueño y señor del realismo mágico, pintó la realidad colombiana (y de paso la de Latinoamérica) con obras como Los funerales de la Mamá Grande, La mala hora, El Coronel no tiene quien le escriba o su obra maestra Cien años de soledad.
Reconocido y homenajeado con el Premio de la Novela ESSO por La mala hora (1961), Doctorado honoris causa de la Universidad de Columbia en Nueva York (1971), Premio Rómulo Gallegos por Cien años de soledad (1972), Premio Jorge Dimitrov por la Paz (1979), Medalla de la Legión de Honor de Francia en París (1981), Condecoración Águila Azteca en México (1982), Premio cuarenta años del Círculo de Periodistas de Bogotá (1985) entre muchos otros que recibió a lo largo de su vida y sin contar todos los que ahora vendrán.
Pero el más importante reconocimiento ha sido el Premio Nobel de Literatura, mismo premio que fue opacado por su discurso de aceptación que luego fue llamado La soledad de América Latina… “los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad”, decía en propia voz el Gabo, cuando corría el año de 1988.
Nadie sueña con retratar la vida ni las obras de Márquez en unas pocas líneas, semejante homenaje llevaría más de un libro, más de cien años de soledad y habría que vivirla para contarla. Pero hoy queremos decir “adiós y buena caza” al Gabo que parte y que se queda inmortalizado entre sus lectores.
Porque naciste orgullosamente colombiano,
pero te vas siendo orgullosamente ciudadano del mundo.
Buena Caza
FrodoMiembro del Grupo Scout 217 Matterhorn
Scouts de El Salvador
Seguimos acampando,
Seguimos Avanzando.
PD Gracias Frodo, gracias por preocuparte en compartir siempre ideas y sentimientos Latinoamericanos que sin duda ORGULLOSAMENTE llevamos con nosotros siempre. Magnífico Frodete







