Se han levantado con la bruma cálida de la Luna (mes) de las Cerezas Rojas (ayáh-zush-tso) en su lenguaje indio, apache,). Son una Manada de Lobat@s y Lobeznos grande y poderosa. Tienen todos los atributos que se les suponen: son inquietos, activos, curiosos, juguetones e incansables. Y se van a marchar de ruta. Sus Viejas Lobas saben lo que les espera: senderos empinados y algunos sin desbrozar, Naturaleza vibrante dispuesta a arañar pieles de Lobat@s arrogantes. Comienza la marcha.
Es cierto, el sendero se manifiesta casi impenetrable en algunos tramos pero importa poco, importan más los insectos (esos bichos tan extraños y ajenos para los que somos simplemente alimento) que guardan el camino y la profusión de plantas, hojas, flores...las cosas que realmente importan cuando uno se calza un casquete.
Mientras ascienden no pierden de vista a sus pies el Campamento Scout 217 Matterhorn que hace ruido desde su vitalidad permanente: también observan como los scouts de Puente Asnil se vuelven tan pequeños, vistos desde la alta ladera, que parecen figuritas de Montaplex (buscad, buscad en vuestros recuerdos y si no que Google os acompañe). A medida que el ascenso se endurece se embellece porque las vistas son magníficas: toda la Alta Liébana flanquea por el sur y el cordal de Peña Sagra por el este. Lentamente estos Kiowas se superan porque la maquinaria metabólica de los Lobat@s funciona de esta manera, "recrece" (RAE: "reanimarse, cobrar bríos") a medida que se activa y agita. Es verdad, no son tópicos, son sencillamente incansables, son LOBAT@S.
Otra verdad que descabalga el tópico: tienen hambre, siempre queremos decir, podrían comerse un supermercado en un santiamén simplemente porque estuviera ahí. A las puertas de un precioso pueblo lebaniego, Ubriezo, descansa un cerezo en su esplendor de julio. Si ha sido generoso ofreciendo sus frutos los Lob@tos no lo van a desagradecer, nada de desplantes. Lo asaltan, el esfuerzo de la subida ha sido suficiente como para encontrar este premio. Luego, además, agua fresca inagotable, descanso y más frutos (esta vez secos). No asoma la fatiga: es fantástico, no saben lo que es, simplemente, llegado el momento, la sentirán pero hasta entonces ni se la plantearán, tienen otras cosas que hacer como jugar mientras avanzan para capturar a la parejita que les ha tocado en suerte.
Horas después llega el descanso de verdad: Santa María de Piasca y su atrio donde tocará, de nuevo, devorar. Sus crines de Lobat@s se enfundan en los chubasqueros porque aunque es un regalo esta lluvia de julio no merece la pena empaparse. Siguen los juegos y las batidas alrededor de la Iglesia: las expresiones de las carotas de sus capiteles románicos no se sorprenden de tanto jolgorio y observan petrificados el..."mogollón". Una vez más, en la Manada el "descanso" es solo una palabra que tiene significado.
¿Rutas sin aventura en el 217 Matterhorn? No, nos lo sabemos permitir: la segunda parte de la ruta es una auténtica trampa del sendero. Obliga a las Viejas Lobas (Nagaina,Darzee,Raksha y Hathi) a mirar y remirar, recular, buscar atajos y, claro, encontrarlos. Además, no hay problema, quedan cerezos y muchos por esas laderas enmarañadas. Finalmente un "hombre blanco" (un "bilagáana") con su familia dan una pista que emociona más aún a la Manada: el camino está casi perdido y por decirlo suavemente algo "espinoso". Apenas comentan nada de las ortigas o si lo hicieron apenas se tuvo en cuenta. A la carga.
La descripción del descenso por esta vertiente (de un supuesto sendero PRS-5) es el auténtico Libro de la Selva porque eso es lo que resulta ser, la auténtica selva del Seeone. Es hermoso, frondoso, fresco y...divertido. Los Lobat@s aullan y ríen. Se arañan y se animan, incluso pretenden correr. Aquí no hay medias tintas que valgan: es el camino, no hay marcha atrás y ellos lo saben. Empiezan las bromas al comparar quién muestra más zarpazos de la selva en sus lomos infantiles. La maravilla de observarlo ilumina a las Viejas Lobas que aprecian las virtudes pedagógicas de la aventura: estímulo, esfuerzo, compañerismo y descubrimiento de uno mismo...entre otras que todos podemos completar.
El "sendero tenebroso" se acaba y con él saltar arroyos y cauces, las zarzas, serbales y espinos blancos al llegar al mundo civilizado donde celebrar una merienda scout: pan con chocolate en el redil habitual. Observad que nadie se lame las heridas, para qué, si hay que zamparse el chocolate antes de que se derrita.
Queda camino, es más plácido y relajado, ya lo transitaron los Castores días antes y la calma simpática de la caída de la tarde. Luego llegará la noche y el abrigo de un claustro en el que dormir: entonces sí, los ojos penetrantes y traviesos de los Lobat@s se cerrarán entre sueños de aventuras cumplidas y muchos sueños sin descubrir.
"Campamento Liébana 2013, en ruta"
Seguimos Acampando,
Seguimos Avanzando...

Quique / Zorro
Scouter
Grupo Scout 217 Matterhorn







