Y yo no era pobre, nada de eso, sino que formaba parte de la misma clase social que la mayoría, casi la única que existía, aquella que cuando llegaba el 25 de cada mes ya sabía de memoria el menú hasta el día 1 del mes siguiente cuando los papis vinieran con el salario: macarrones con tomate y judías pintas, eso sí, a días alternos, para no caer en la monotonía.
En el ambiente scout era costumbre entre aquellos que andábamos con el veneno del Escultismo que todos nuestros regalos (cumpleaños, premios por estudios, carta a los reyes...) tuvieran relación con la reunión de un pequeño equipamiento personal individual bien adaptado a aquellas cosas que no dejábamos de hacer, porque entonces se acampaba en el sentido literal de la palabra (en tienda y campo) casi exclusivamente. Aquellas cosas que conformaban el equipamiento eran relativamente caras y valiosas, había muy poquitas marcas, casi todas españolas y de gran calidad, y las conocíamos de memoria: así por ejemplo unas buenas botas de montaña (que se compraban tarde para que la talla, el número, valiera muchos años al igual que se hace ahora) eran las "mixtas" y la marca de oro "Kamet"; los macutos y las tiendas Altus (de aquella calidad de entonces) y también tendíamos a hacernos con un plumas de calidad, o unas "chaquetillas de escalada" azulonas de loneta que nos encantaban y que todos llevábamos a pesar de que cuando se mojaban no se secaban ni a soplidos de rinoceronte. Algunas de aquellas prendas las conservo por su calidad, las Kamet Sexto Grado me las robaron de un maletero hace varios años, otras...
Esas otras...esas otras que se fueron, que dejé escapar, que perdí.
Mi padre quiso hacerme un regalo por mi 14 cumpleaños: rápidamente pensé en mi equipación scout, en sus carencias. Entonces teníamos por costumbre llevar anclado al cinturón del uniforme un machete de considerables dimensiones, de hasta 11 cms. de hoja. Sólo se podía llevar tras la consecución de lo que se denominaba 2ª Clase Scout y siempre fuera de cascos habitados para evitar problemas legales. Lo cierto es que era muy "cantoso" para nuestros gustos de ahora pero también muy útil porque, como digo, estábamos todo el día acampando, construyendo...Pues bien, era la joya que faltaba a mi rutilante uniforme y equipación de Guía de Patrulla con 1ª Clase y a puntito de obtener el Scout Estrella: un buen machete con la Flor de Lis en las cachas, bien equilibrado, algo para toda la vida. Así con esas pretensiones fuimos juntos, mi padre y yo, a la cuchillería de la Calle Cardenal Cisneros que era famosa y un símbolo para esas cosas. Allí lo adquirimos juntos. Él feliz de mi decisión y yo más feliz aun y ansioso de estrenarlo. Era un objeto fantástico y pronto sujeto de contemplación y admiración de mis compañeros y amigos de Tropa. Era un machete, destinado a ser "el" machete de mi vida.
Unos meses después batiendo con mi patrulla leña en las laderas de Cerro Ventoso para prender el fuego (sí, digo bien, entonces acampábamos allí y hacíamos fuego cada noche para cocinar, calentar un chocolate, tocar la armónica y charlar) en un descuido, pese a mí "experiencia" perdí el machete. Del sobresalto pasé a la búsqueda y en ella toda mi Patrulla implicada: era cuestión de todo, mucho más que de vida o muerte, era un regalo de mi padre, algo que estaría destinado a convertirse en un recuerdo, era el que quería, irreemplazable, único...se perdía más a medida que más tiempo pasaba sin encontrarlo, tenía que estar, no estaba. La funda de cuero desnuda, vacía, volteada, me había traicionado vilmente. ¡¡¡Vaya un Guía!! Siempre he sido cuidadoso, antes y ahora también o mejor diría no he sido descuidado. Mala suerte.
Recuerdo el dolor que me produjo, la conmoción. También recuerdo el momento concreto de contárselo a mi padre y su decepción y no tanto por el machete en sí mismo sino por la confianza que sentía en que yo no sería un chaval convencional que pudiera llegar a perder algo valioso.
Al tiempo lo reemplacé por otro parecido , porque de veras que nos resultaban muy útiles, aunque jamás ha podido sustituir a aquel maravilloso machete perdido en los alrededores del Puerto de la Fuenfría, caído mientras arrastraba ramas de pino, cortezas y piñas embolsadas en la camiseta scout. Desde entonces, os confieso, he vuelto a buscarlo repetidas ocasiones, nunca he dejado de hacerlo, siempre recordando en mi memoria cartografiada la senda, el hueco, donde cayera. A pesar de los años pasados, no los contéis, qué más da, siempre soñando su regreso, volver a su tacto. Todavía pienso que algún día lo recuperaré.
2013.Quiero compartiros esta historia con vosotros. Me duele profundamente que nuestros scouts pierdan algunas de sus cosas, las mismas que en sus manos estuvieron llenas de vida y de sentido, las que se compraron con esfuerzo y alimentaron ilusión, aquellas que durmiendo en el frío y polvoriento "sacódromo" o irremediablemente arrinconadas en el pozo infinito dónde duermen las cosas perdidas, ya no serán nunca más que recuerdos y añoranzas de las que no se olvidan mientras pasa el tiempo. Entre todos podemos conseguir que mi historieta sea una excepción y rareza y que "las cosas tengan su lugar" (consejo de Malak), y su valor y no nos huyan, despiadadas, dejándonos su rastro en un reguero de palabras tristes.
Seguimos acampando,
Seguimos Avanzando...

Quique / Zorro
Scouter
Grupo Scout 217 Matterhorn








