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Pobrezas y Riqueza

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dsc_13221.jpgQueriendo indagar, más en la conciencia que en el conflicto; apelando a que estas líneas sean interpretadas a través del lente social y no tras la lupa de la política, me aventuro hoy a pasar al papel y a la pantalla mi interpretación de un tema tan antiguo como las grandes civilizaciones de antaño, esas que en materia de Historia nos maravillan por su estructura social y su alto contenido de desarrollo artístico.

El tema del que osaré opinar –a lo mejor abusivamente- es: “la pobreza y la riqueza” -¡No!, no me equivoco: ¡No son dos temas!, es el mismo sujetado por sus extremos.

Antes que nada, quiero empezar definiendo lo que significa la pobreza, porque me parece que la riqueza (de una forma o de otra) todos sabemos lo que es.


 Sé que me quedaré corto con esta definición, más aun sin consultar en esta ocasión a la Real Academia de la Lengua Española –hábito que tengo muy arraigado- hoy me invade el interés de plasmar experiencia más que teoría (y sin temor a equivocarme aunque lo haga); así que entre otras cosas: La pobreza es la condición de ser pobre, y ser pobre implica más colores y matices de los que solemos hablar y/o pensar.

Ser pobre es, –repito- entre otras cosas:
Sentir el suelo con la piel de los pies descalzos; el suelo de la casa es de tierra, tierra suelta y tierra compacta; a veces de arena y a veces de piedra. A veces –casi siempre- suelo frío.

¿Alguna vez no se come? -Ser pobre es comer alguna vez; solo alguna vez en el día, si hay suerte y recursos; más suerte que recursos, porque recursos siempre hay en algún lado, lejos de la suerte del pobre.

También, es curarse las heridas con el tiempo actuando como médico; calmar los sangramientos de nariz inhalando un ladrillo mojado, un paño empapado de alcohol u otra receta ancestral, luego, dormir profundamente. Desmayarse en la escuela en plena adolescencia y juventud es frecuente y casi normal.

Ser pobre, es aprender que el agua no viene del grifo, es crecer sabiendo que hay que caminar unos kilómetros cargando un cántaro lleno, para beber y bañarse; es usar la ropa heredada de los hermanos, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc., etc. y todos los etcéteras que hagan falta.

Ser pobre también es dormir arrullado por la tonada de las gotas de lluvia que amenazan con tirar una casa que parece ceder. Es colocar barreños en el suelo para acumular y contener el agua que se filtra por el techo de láminas en una noche de tormenta, tan fría como triste.

Es buscar en la quebrada, en el río, cosas que puedan ser útiles para el diario vivir, de alguna manera: reciclar lo reciclado. Es detenerse en cualquier barrio de San Salvador y mirar de lejos, muy lejos, la celebración de Navidad, ver a los amigos estrenando ropa y cenando pan con pavo. Es mirar con temor e incertidumbre la noche nueva, es aferrarse –por seguridad- a la noche vieja.

Es…, por casualidad o destino, haber escrito un artículo en páginas grises y con pluma negra.

Ser pobre, al final de todo, es pretender el desarrollo de la conciencia de las personas, procurar la lucha más que la lástima. Es desarrollar una vista aguda, crecer soñando sin perder el objetivo, es acostumbrarse a obedecer con humildad sin abandonar el instinto del triunfo, es creer y confiar en los demás y anhelar un mundo IGUAL para TODOS LOS SERES HUMANOS, es cambiar la difusa idea del apelativo “extraño” por la convicción de llamarnos hermanos; es vernos a la cara y decirnos: ¡compa! en medio de saludos y abrazos.

Se dice que una de las causas de la pobreza a gran escala es la acumulación de la riqueza en una zona reducida, el dinero (y con él, el poder) se concentra en algunos países del mundo mientras que otros hacen una verdadera lucha diaria por SOBREVIVIR. Lastimosamente, así sucede también a nivel interno en los países del llamado “Tercer Mundo”, a pequeña escala, en nuestras microeconomías nacionales. El rico absorbe lo suyo y lo que el pobre necesita. El dinero se concentra en unas pocas manos, la acumulación de capitales parece ser el oxígeno de las familias acaudaladas que a diario ansían más de lo que tienen.

A nuestros días, no deberíamos conformarnos cuando la pobreza significa hambre y cuando el hambre se transforma en muerte, cuando esta muerte inunda las estadísticas desatando un estado de epidemia/pandemia, y cuando esta estadística se concentra en un sector geográfico que ya conocemos: África, Latinoamérica y el resto de países del tercer mundo; o en un sector vulnerable por su temporalidad: niños y ancianos; o por su naturaleza: mujeres u hombres.

El resultado de toda esta farsa de vida son las acciones más ilógicas, inhumanas e incompresibles; las cuales no deberían tener espacio ni tiempo en un siglo cuya humanidad se jacta de enviar personas al espacio exterior y tener armas de destrucción masiva; una humanidad que presume de comprar y vender deportistas (personas) al mismo precio de 3 hospitales más 10 escuelas más un año de alimentación para más de veintisiete mil trescientas noventa y siete familias de cualquier país en subdesarrollo; este resultado son niños que trabajan vendiendo ambulantes en los mercados, recogiendo curiles, cantando en las plazas, cortando café y caña de azúcar, contando chistes en los autobuses, vendiendo cervezas y refrescos en los estadios de fútbol, tragando combustible y lanzando llamas en los semáforos, entre otras labores.

También son mujeres que soportan malos tratos de sus patronos debido a la explotación por el boom de las maquilas (como ha ocurrido en Honduras y El Salvador desde principios de la década de los 90´s); hombres que trabajan duras jornadas por un sueldo miserable, dentro de un sistema pseudo-esclavista no reconocido ni aceptado por nadie.

¡Vaya problema! este montaje, con mote de “realidad” al final es un circo muy bien definido: se llama “ambición” y se apellida “sinvergüenza”.

¿Por qué nos comemos unos con otros, si en condiciones primitivas todos adolecemos las mismas necesidades? Todos gozamos con las alegrías, la risa no tiene que ser un privilegio.
Si el estado de bienestar inunda nuestro corazón de placeres ¿No sería bueno que TODOS lo gozásemos?

Si el hambre, la vergüenza, el miedo y la desnudez son sentires que superan el raciocinio y con ello nuestra humanidad, y alimentan el sufrimiento ¿No sería idóneo erradicarlos de una vez para TODOS? ¿No hay suficientes recursos en el planeta?

Las pobrezas de muchos y la riqueza de pocos no es tema de hoy; siempre ha estado en la mesa de discusión desde que la civilización tiene nombre; por tanto –a mi humilde juicio- ya es tiempo de sacarlo de debate y pasar a la acción.

Lo más fácil siempre ha sido enseñar a los pobres desde pequeños que: “son los únicos responsables de su desgracia” y esa “responsabilidad” al crecer muta en culpa; porque eso además de generar conformismo temporal, libera de responsabilidades (cuando menos cotidianas) a los verdaderos culpables, ojala siempre conlleve, cuando menos a la larga, un porcentaje de cargo de conciencia.
Mientras tanto: suerte a los ricos y ánimo a los pobres.

P.D.
A mis grandes y buenos amigos, pobres y ricos:
“Estaba hoy interesado en escribir y no encontré un tema más interesante”.

Un abrazo.- 

MADRID 217SCOUTS

El Proyecto MADRID 217SCOUTS es un conjunto de actividades que busca proporcionar herramientas y recursos interculturales y scouts, que fomenten la convivencia y el desarrollo de propuestas sociales interculturales en una sociedad multicultural como la nuestra.
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Modificado el Viernes 16 de Octubre de 2009 10:16
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