j.s.t
- Post date: 10 de Octubre de 2013
Domingo luminoso, buen tiempo, una parte del Grupo estaba haciendo sus actividades y vosotros llegasteis sin hacer ruido, mirabais, os fijabais y volvíais a mirar. La idea, el qué hacer, no estaba escrita en ningún sitio, pero se podía entender: estamos en casa. No era como la excursión de Junio en la que pintamos los comedores y baños, arreglamos duchas, puertas…, hoy era distinto, pero muy bien muy bien no sabíamos por qué.
Porque podíamos haber jugado mucho o poco, cocinado, cantado, saltado o incluso habernos incluido en la canción de despedida. Hay muchas opciones y no pocas opiniones al respecto, pero lo importante es que estábamos y estabais ahí: estábamos JUNTOS.
Desde vuestra atalaya, algunos más alta, otros más a ras del suelo, comprobasteis lo sencillo que es, o al menos parece, que el Grupo funcione y haga sus actividades en una acampada. Sentisteis que no hay muchos altibajos, más bien los más de trescientos scouts nos movemos al ritmo de las olas, de la luna o tal vez de nuestro sexto sentido que nos lleva a disfrutar de cada momento de la acampada y a participar de todo.
Para algunos de vosotros-as estuvo muy bien, para otros genial e incluso hubo quien se emocionó al escuchar el 2 1 7 Doscientos Diecisiete; más de cuatro echaron de menos hacer cosas, actividades o implicarse más. De todo hubo y estamos atentos a ellos.
- Post date: 09 de Octubre de 2013
Alpes franceses. Glaciares que resisten como pueden los envites del cambio climático, bosques que se empiezan a engalanar para el otoño y nieves recientes y blandas que a partir de los 4000 metros nunca son las primeras ni las ultimas sino las que van cayendo en su devenir geológico, más allá del tiempo fugaz que habitamos los hombres.
Están lejos aunque la distancia se disipa porque las altas montañas son como algunas camadas de hermanos: se parecen aunque se diferencien en las edades, los tamaños, los sexos, las voces. Pero la técnica, el oficio, la experiencia y la forma física necesaria son familiares. Luego está el asunto eterno de la belleza. Aquí se resuelve su presunta subjetividad: no hay debate, son rotunda e indiscutiblemente hermosas y todo depende de saber apreciarla y no de su existencia: aquí se dan todas las facilidades para el asombro, la maravilla, la sensación permanente de asistir a algo fabuloso e incomparable.
Son muchos ya los viajes y las rutas. Muchas las huellas dejadas, las botas vapuleadas, los recuerdos y las cosas perdidas. Ha predominado lo bueno y las malas experiencias quedan en algún lugar de la memoria encerradas bajo polvo. Todo empezó hace muchos años cuando uno ni siquiera sabía nada de sí mismo y mucho menos esto. Un Grupo Scout, chicos saliendo al campo, que andan y con cada metro ganado van dejando atrás sus timideces infantiles, haciendo marchas quejumbrosos y decorados con una pañoleta, doliéndose de esos pies en transición que no paran de crecer, agrandando las puntas de las botas con la presión de sus dedos hacia delante, durmiendo poco y mal, atusándose los flequillos al despertar con polvillo de nevero. Con apetito pero sin hambre. Caminando detrás de los veteranos sin saber muy bien el destino ni atreviéndose a preguntarlo. Hasta que un día, sin esperarlo, uno descubre dentro de sí a sí mismo y siente y se identifica con ese hallazgo, le explica muchas cosas, y le invade el amor por esas rutas, los desafíos, las montañas y las cascadas, el esfuerzo físico y el vaho reparador calentando los nudillos y las puntas de los dedos, siguiendo casi al pie la letra de antiguas canciones scouts vigorizantes y animosas. Y ese amor ya nunca se apaga.
- Post date: 08 de Octubre de 2013
"Nos enseñaron desde niños cómo se forma un cuerpo, sus órganos, sus huesos, sus funciones, sus sitios, pero nunca supimos de qué estaba hecha el alma” Mario Benedetti
Quizás no seamos conscientes de todo aquello que nuestras emociones iluminan y ensombrecen a lo largo de nuestra vida. Nadie nos dijo cómo manejarlas, cómo cambiarlas o aprenderlas; parece como si nos olvidáramos de ellas por el simple hecho de que no se vean. Pero, ¿acaso no son fundamentales en nuestro día a día?
¿Por qué son tan importantes las emociones? Las emociones determinan nuestra relación con el mundo. Nuestra salud mental y bienestar personal se influyen mutuamente, dependiendo en gran medida de cómo nos relacionamos con los demás. Al nacer no tenemos desarrollados el pensamiento, ni el lenguaje, ni siquiera podemos planificar lo que hacemos, sin embargo, nuestras emociones nos permiten comunicarnos e identificar aquello que sentimos como mejor o menos bueno.
A través del llanto, la sonrisa o conductas rudimentarias nos vamos relacionando con el mundo y el resto de seres humanos. Así podemos afirmar, que nuestras emociones configuran nuestro paisaje físico, mental, anímico y social.
¿Por qué es importante educar en emociones?
Las emociones nos aportan información sobre nuestra relación con el entorno. Experimentamos alegría o satisfacción cuando las cosas nos van bien, y tristeza o desesperanza, cuando sucede todo lo contrario, como que experimentemos pérdidas o amenazas.







