Escondidos entre las arenas del desierto desde hace 39 años, los Saharauis son la última frontera antes del desierto. Repartidos en campamentos de refugiados en condiciones casi imposibles, en la hamada argelina (un tipo de paisaje de desierto pedregoso, caracterizado en gran parte por su paisaje árido, duro, de mesetas rocosas y con muy poca arena) un pueblo, el SAHARAUI, resiste ante las dificultades.
Todos hemos oído hablar del Frente Polisario, de los hombres apostados en la frontera con Marruecos, que aún luchan por recuperar su tierra pero lo que nos es desconocido es lo que han dejado tras de ellos: mujeres, niños, ancianos. Los campos de El Aaiún, Auserd, Smara y Dajla son el hogar de familias que luchan juntas contra la sed y la necesidad. Para ello, crían cabras y camellos, hacen artesanía y usan la ayuda internacional que les llega.
Son, con mucha diferencia y mérito propio, una de las comunidades más hospitalarias del mundo. Los proyectos del Grupo Scout 217 Matterhorn allí se han caracterizado siempre por la calidez de estas personas y recibimiento en su comunidad como si fuéramos parte de la familia. La alegría de los niños que vienen a recibirte en multitud, los sueños de jóvenes que buscan un futuro mejor para ellos y sus familias, el esfuerzo comunitario de las mujeres para llevar sus hogares y comunidad son dignos de cualquier aplauso, reconocimiento y ayuda que haya en el mundo. Por ello, volver al Sáhara es siempre toda una experiencia para este Grupo Scout.
El olvido al que están sometido este Pueblo, por parte de la comunidad internacional es injusto y deleznable. Los “proyectos de cooperación” que acuden apenas son reconocidos o tienden a llevarse el mérito cuando son los saharauis los que ponen todo su esfuerzo y alma. Una vivencia con ellos, en dunas bajo las estrellas, debería ser casi obligatoria porque se trata de un viaje tanto emocional como filosófico. "Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo" decía el principito de Antoine Saint-Exupéry y tenía razón. Todos necesitamos conocer el mar de arena para encontrar nuestro oasis, los tesoros ocultos de este hermoso lugar y sus gentes.
Hay muchas personas en este mundo que necesitan ayuda pero, pocas realmente trabajan días tras día para aprovecharla al máximo y desean no depender de los demás como los saharauis. Los niños saben que tendrán que ir al frente tarde o temprano y sin embargo, se ilusionan y vienen corriendo ya sea para recibirte o para jugar contigo mientras que las madres te ofrecen tomar los tres tés, su tradición más misteriosa, a modo de entender su filosofía: Amargo como la vida, suave como la muerte, dulce como el amor.
Nunca nadie nos ha abierto tanto su corazón y forma de pensar desde mi punto de vista.
En estos días de peregrinación a la Meca y de conflictos, cabe pensar y saber que hay un rincón del mundo olvidado donde podemos aprender los misterios de la vida, la familia y el trabajo duro entre personas que aún sueñan con volver a su tierra para por fin, volver a ver y vivir frente el mar.
Seguimos Acampando,

Seguimos Avanzando,...en cualquier Selva del Mundo
PD. Este Sábado hay reunión con las familias del CLAN sobre el Proyecto.







