Sintra es también un lugar como salido de un cuento de hadas, cuyo bosque encantado parece albergar tímidos duendes o seres fantásticos columpiándose en las ramas de robles y cedros, o vigilantes, ocultos en los recovecos de los troncos. Fueron los celtas quienes bautizaron el lugar en honor a Sintia, la diosa celta de la luna.
Al margen de los mágicos paisajes y la majestuosidad de sus palacios, Sintra atesora mucho encanto en la parte vieja de la ciudad, de calles estrechas y epinadas, de adoquines. En ese ambiente medieval podremos aprovechar para comprar algo de artesanía o degustar las típicas “queijadas”, un dulce de queso en A Piriquita, la pastelería con más tradición de Sintra, que intentaremos encontrar y degustar.
Al margen de los mágicos paisajes y la majestuosidad de sus palacios, Sintra atesora mucho encanto en la parte vieja de la ciudad, de calles estrechas y epinadas, de adoquines. En ese ambiente medieval podremos aprovechar para comprar algo de artesanía o degustar las típicas “queijadas”, un dulce de queso en A Piriquita, la pastelería con más tradición de Sintra, que intentaremos encontrar y degustar.
