Sin embargo, le encantaba el sonido dulce de la lluvia y el calorcito del sol. Pero a los truenos, se les prohibía tener relación con la lluvia, a no ser la de poder. Así que Datruelo siempre la liaba y le pillaban bailando con la lluvia o paseando tranquilamente con el sol. Entonces le castigaban. Todos los buenos truenos ignoraban y marginaban a Datruelo. Pero Datruelo, a pesar de eso era feliz y quería mucho a la lluvia y al sol, incluso a la nieve, y adoraba y respetaba a todos los seres de la naturaleza. Y aunque se sentía distante de los demás truenos, esto le hacía sentirse bien, porqué por nada del mundo hubiera querido ser como ellos.
Un día, harto de él, los buenos truenos decidieron desterrarlo, expulsándolo de la atmósfera y mandándolo directamente a la Tierra. Datruelo sabía que ese sería su fin, todo el mundo sabe que cuando un trueno toma contacto con la primera capa de la Tierra, se desintegra. De todas formas Datruelo se dirigió hacia la Tierra, aún sabiendo que si hubiera pedido perdón, y se hubiera humillado y resignado, lo hubieran vuelto a aceptar, pero él prefería desaparecer.
Y en el momento en que Datruelo iba a tomar contacto con la Tierra, un montón de chispitas traviesas de todos los colores imaginables, y que le querían muchísimo, lo pararon en el acto y consiguieron mantenerlo en el aire. En ese momento Datruelo quedó suspendido en el espacio en forma de arco lleno de todos los colores del mundo. Es por eso que cada vez que sus amigas la lluvia y el sol, salen juntas, Datruelo se ve dibujado en el cielo, con todas las chispitas de colores pegadas a él. Por eso me gustan tanto los días de lluvia y sol, porqué veo a Datruelo y a sus amigas jugar en el cielo y burlarse de los truenos, y yo me siento feliz.
Nunila López Salamero
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